La globalización es la nueva realidad del siglo XXI, pero no avanza por igual en los diferentes ámbitos de la vida social. En el campo de la ética es notable la ausencia de principios globales que fundamenten la convivencia entre todos los seres del planeta. Este ensayo aborda la necesidad y las posibilidades de una ética global que le ponga límites al individualismo, componente esencial de la cultura adscrita a la economía de mercado.